En la víspera del día de los Santos

 

Animas somos, y comida pedimos, sino no la dan, puertas y ventanas las pagaran.

(Niños en Guatemala vestidos de blanco en la víspera del día de los Santos  durante el siglo XIX, que pedían comida en las casas y si no les daban lanzaban piedras a las casas.)

Ramón Salazar en su libro "El tiempo Viejo"

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La muerte es algo tan cercano al ser humano y tan lejano que muchos no queremos que les llegue a nuestros seres queridos.

 

Recordar y dedicar un día a los muertos una tradición en todas las culturas y las religiones y de en el mundo mesoamericano no es la excepción. Muchos de nosotros ya vimos la película coco de Walt Disney en ella el folclor mesoamericano es bien descrito -quitemos el dilema ético de cuando quisieron registrar como marca Día de muertos- y nos explica cómo los pueblos del centro de México miraban la relación de la muerte con la vida, la película el libro de la vida también es una buena recomendación.

 

Todos vamos juntos en este camino -al final todos moriremos- es importante pensar en la antigüedad y cómo los pueblos antiguos reflexionaban y analizaban la muerte en sí misma.

 ¿Desde qué óptica miramos a la muerte?

 

El Popol Wuj nos relata en tres momentos la partida de seres:

 

1. El primero nos enseña la resiliencia de Jun jun Ajpu embaraza a la doncella Ixqik escupiéndole en su mano. Es decir, de la muerte surge la vida. Esta misma analogía la entienden los agricultores cuando todo lo muerto -en la tierra- se usa para abono para la próxima cosecha.

 

2. En el segundo caso los hijos de Jun Jun Ajpu: Jun Ajpu e Ixbalamkej que van a Xib’alab’a; allí son asesinados por los señores de la maldad, piden que se les cumpla un deseo post mortem; que sus huesos sean molidos para que sus cenizas sean esparcidas en el río, para llegar hasta donde el árbol de morro en que están colocada la cabeza; allí logran tomar la cabeza de su padre. Logran revivir juntos para transformarse posteriormente en el Sol -Dios E dicen los arqueólogos-

 

3. El tercer relato es cuando nuestros primeros padres, -los primeros hombres creados- Balam Ki’tze’, Balam Aq’ab, Ik’ibalam y Mujuk’utaj están cansados y cantaron el Qamuqu diciendo: ¡Hijos nuestros, nosotros nos vamos, nosotros regresamos!  Sabias palabras, sabios consejos les dejamos, -regresaremos a nuestro pueblo, Refiriéndose al lugar del origen que está en el lugar mitológico “Tulán”.

En la cosmovisión mesoamericana es muy importante preparar las fiestas para la honra de los finados, ésta se comienza a preparar desde la noche del 31 de octubre, en donde los abuelos decían que los espíritus de los muertos podían regresar a visitar a sus familiares, la tradición sigue yendo a adornar las tumbas de los familiares y amigos a los cementerios el día 1 de noviembre, mientras se prepara la comida que se compartirá con los vivos y los muertos. La comida que por lo regular lleva “conservas” se debe almorzar si se puede en el cementerio o en la casa, mientras se ha preparado el altar en donde si hay, se colocan las fotografías.

En el altar debe estar presente una imagen religiosa -aquí se demuestra que la religión católica y la

cosmovisión mesoamericana tienen lazos en común y por eso es bien aceptada al momento de la conquista- Una veladora o candela para guiar con la luz el alma del muerto para que nos acompañe, un vaso con agua y se la familia lo decide un poco de licor. Además, se adorna con flores y se coloca como recuerdo también del texto del Popol Wuj una corona ciprés Y pino en el piso.

 

Una parte esencial de la ofrenda que se coloca es un poco de conserva de Ayote -la cabecera- y la comida que no necesariamente tiene que ser fiambre.

La celebración termina el día 2 de noviembre a las seis de la tarde cuando los finados regresan al lugar de descanso, y han pasado tres días con la familia celebrando la vida, recordando sus anécdotas y celebrando la vida -de ellos y nuestra- de las generaciones que nos antecedieron y que nos trajeron en este espacio, tiempo y lugar.

 

Este año será diferente, no hay cementerios abiertos, no hay barriletes en Sumpango y Santiago Sacatepéquez, no hay ventas en los cementerios… esto nos deja un espacio de mucho dolor ante la pena de no poder acompañar los restos de nuestros seres queridos.

 

 


Buen fiambre, buen noche de ánimas, buen día de los Santos y Fieles difuntos para todos.

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